Existen verdades absolutas e innegociables que no mutan ni se transforman con el tiempo; permanecen siendo verdades, aunque sean vulneradas y aunque algunos pretendan deconstruirlas. La verdad siempre será la verdad y la mentira siempre será la mentira. Lo bueno siempre será bueno, aunque lo categoricen como malo, y lo malo siempre será malo, aunque sea socialmente aceptado y romantizado.
Creo que el éxito terrenal y el eterno tienen mucho que ver con el discernimiento que se ejerza entre estas dos vertientes, que distan años luz una de la otra, pero que pueden camuflarse con total facilidad y sigilo, llegando incluso a ser imperceptibles.
El mejor maestro para enseñar verdades palpables y ocultas es Dios, sin desconocer que el tiempo y las vivencias son quienes afianzan esas verdades que, al final, terminan convirtiéndose en lecciones de vida e incluso en aguijones con los que se debe cargar.
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