Todo empezó con una carta

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WpMetadataNoticeLast published Thu, Jun 11, 2026
La música sonaba suavemente en el apartamento mientras las luces del árbol de Navidad iluminaban la sala. -¡Feliz cumpleaños, Viejo! -gritó Hange levantando una copa. Las risas llenaron el lugar. Levi negó con la cabeza y frunció el seño. -Ventisiete años no me hacen viejo. -Eso es exactamente lo que diría alguien que ya es viejo -respondió su tío provocando nuevas carcajadas. Su madre observaba la escena desde el sofá con una sonrisa llena de cariño. Aquella era una tradición. Cada veinticinco de diciembre celebraban la Navidad y el cumpleaños de Levi al mismo tiempo. Siempre en familia. Siempre rodeado de las personas que más quería. Era una noche perfecta. Tranquila. Feliz. Predecible. Y estaba a punto de terminar. El sonido del timbre resonó en todo el apartamento. Levi miró la hora. Casi las diez de la noche. -¿Esperas a alguien? -preguntó su madre. -No. Volvió a sonar. Extrañado, caminó hasta la puerta. Al abrirla encontró a una mujer mayor. Tendría cerca de setenta años. Llevaba un abrigo oscuro cubierto por pequeños copos de nieve y sostenía algo entre los brazos. Algo muy pequeño. Algo que se movió. Levi tardó unos segundos en comprender lo que estaba viendo. Era un bebé. La mujer levantó la mirada hacia él. Sus ojos estaban llenos de tristeza. Y también de alivio. -¿Levi Ackerman? -Sí. Ella tragó saliva. Luego extendió al niño hacia él. -Este bebé es tu hijo. El mundo se detuvo. -¿Qué? La mujer no respondió inmediatamente. Solo colocó al pequeño en sus brazos. Por puro reflejo, Levi lo sostuvo. El niño tendría apenas unos meses de nacido. Cabello oscuro. Piel clara. Pequeñas manos inquietas. Demasiado pequeño. Demasiado frágil. Demasiado real. El bebé abrió los ojos. Unos ojos grises. Y, como si lo conociera de toda la vida, cerró una diminuta mano alrededor de uno de sus dedos.
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