Desde que era pequeño, Yuji jamás conoció el significado del amor. El día en que despertó como Omega, su destino dejó de pertenecerle. Su madre, Kenjaku, lo entregó al mejor postor como si fuese una reliquia, una moneda, una posesión más. Con apenas nueve años fue llevado al reino del rey Satoru Gojo.
Su matrimonio nunca fue un refugio. No hubo afecto. No hubo manos cálidas ni palabras suaves; solo silencio, deber y una oscuridad que consumía poco a poco aquello que aún quedaba de él.
Pero lo peor llegó después.
Cuando descubrieron que era un Omega defectuoso... el rey no dudó en traer a otro.
Y entonces Yuji comprendió algo cruel:
No se puede romper un corazón que nunca fue amado.
Cansado de existir solo para otros, dejó de pedir, dejó de esperar. Ya no quería permanecer. Quería huir. Quería desaparecer.
Y el universo... finalmente lo escuchó. Y se compadeció, le envío un salvador.
Pero, su salvador... es un monstruo.
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