Nadie entendía cómo alguien como ella terminó entre esas paredes grises y húmedas. Cabello negro cayendo por su espalda como tinta, labios perfectos siempre curvados en una sonrisa peligrosa y una mirada tan intensa que hacía bajar la vista a cualquiera. Incluso en uniforme de prisión parecía fuera de lugar... demasiado elegante, demasiado segura y demasiado fuego. Caminaba por los pasillos como si la cárcel fuera suya. No gritaba, no amenazaba... no lo necesitaba. Su presencia era suficiente para que el silencio la siguiera. Y cuando Cachetes la vio por primera vez, entendió algo de inmediato: esa chica no era una víctima. Era un problema.
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