Las hojas caen, dictando el fin de la espera,
tejiendo un sudario de oro sobre nuestra piel.
Tú, con el calor de quien nada ignora,
yo, con el frío de quien se sabe perder.
Te miro, In-ho, mi mundo de mármol y seda,
mientras mi sangre se vuelve un río lento y gris.
¿Cómo explicar que mi amor es esta huida?
Que irme es el último regalo que te di.
El invierno acecha tras el cristal de la cabaña,
prometiendo borrar los rastros de este abrazo.
Prefiero que guardes el recuerdo de nuestra aurora
a que veas cómo el tiempo me deshace en pedazos.
Que no llegue la nieve a cubrir nuestra historia,
que el otoño nos congele en esta eterna quietud.
Me alejo en silencio, mi amado, mi gloria,
para que en tu memoria, yo no conozca la senectud.
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