Durante años, el doctor Henry Loomis dedicó su vida a estudiar criaturas extintas, sus huesos y huellas; ecos de un mundo desaparecido hacía millones de años. El pasado era un lugar seguro, inmóvil, silencioso, incapaz de sorprenderlo. Hasta que volvió a respirar.
Cuando una expedición científica es enviada a una región aislada donde los ecosistemas prehistóricos continúan evolucionando lejos de la mirada pública, Henry es reclutado para documentar hallazgos que podrían reescribir décadas de conocimiento paleontológico. Lo que no espera encontrar es a Elowen Vale, una veterinaria especializada en fauna exótica cuya reputación se ha construido sobre una idea considerada absurda por gran parte de la comunidad científica, para comprender a una criatura, primero hay que entender que está viva.
Donde Henry ve especies, Elowen ve individuos. Donde él observa millones de años de evolución, ella observa miedo, dolor, instinto y supervivencia. Entre criaturas imposibles, descubrimientos capaces de alterar el equilibrio mundial y una corporación dispuesta a convertir cada hallazgo en propiedad privada, ambos se verán obligados a trabajar juntos en un territorio donde la ciencia ya no tiene respuestas claras.
Pero mientras el mundo entero mira hacia el pasado, Henry comienza a darse cuenta de algo inquietante. El verdadero descubrimiento de la expedición no se encuentra enterrado bajo capas de roca, no tiene garras, no tiene colmillos. Y no pertenece a una era perdida. Porque entre fósiles vivientes, secretos ocultos y especies que nunca debieron existir, Henry Loomis encontrará algo mucho más difícil de explicar que los dinosaurios.
Un futuro. Uno que jamás planeó desenterrar.
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