"Algo malo está por pasarme... pero quizá ese algo malo sea tú."
En los muros de piedra negra del internado REYES, enclavado en la sierra de Ávila, no hay lugar para la inocencia. Aquí solo estudian los hijos de la alta sociedad que han cometido delitos. Aquí las normas son de hierro: separación entre hombres y mujeres, silencio absoluto por las noches, y la prohibición más estricta de todas: nada de relaciones entre estudiantes.
Rosabel Ortiz Serrano llega con una maleta negra y los nudillos blancos. Es obstinada, odia el sarcasmo y oculta sus sentimientos bajo una coraza de hielo. Solo quiere cumplir su condena en silencio y desaparecer. Pero REYES tiene otros planes para ella.
La primera noche, oye un rasguido en la pared. La segunda, una canción susurra desde las sombras: "Something bad is 'bout to happen to me..." La tercera, un símbolo rojo -un círculo partido por una línea vertical- aparece pintado en su puerta.
Y entonces está Diogo Gil. Alto, rubio, arrogante. Un hombre de hielo que la provoca con una sonrisa y la protege con una navaja. Él también investiga los símbolos. Él también sabe que alguien está marcando a los estudiantes que luego desaparecen. Y aunque al principio se odian, muy pronto descubren que el único modo de sobrevivir al lobo es confiar el uno en el otro.
Pero en REYES, nadie es quien parece. Ni los profesores de sonrisa amable, ni los compañeros de ojos tristes, ni siquiera el propio hermano de Rosabel. Cuando una chica es rescatada de una habitación secreta y un cadáver aparece en el ala este, la verdad comienza a desmoronarse como un castillo de naipes.
¿Quién pinta los símbolos rojos? ¿Quién canta la canción en las paredes? ¿Y por qué Rosabel tiene los mismos ojos que la primera víctima, desaparecida hace treinta y cinco años?
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