De día, Minho y Jisung apenas se toleran. Sus mañanas están llenas de discusiones absurdas por el control de la televisión, la loza sucia o quién ronca más fuerte en el departamento que comparten desde hace dos años. De noche, todo cambia. Cuando las luces se apagan, Minho se queda despierto escuchando a Jisung cantar en voz baja letras que no se atreve a decir en voz alta. Letras que hablan de miradas guardadas y roces inevitables. Minho tiene una regla estricta: no enamorarse de su mejor amigo. Jisung tiene otra igual de clara: no arruinar lo único bueno que tiene por algo que podría durar solo una noche. Pero entre canciones a medio terminar, silencio compartido y noches de lluvia que acortan las distancias, mantener esas reglas se vuelve cada vez más imposible.
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