A veces la soledad no hace ruido... pero pesa.
Un hombre mayor vive los días desde la quietud de un cobertizo, observando el mundo a través de una ventana desgastada por el tiempo. Afuera, un viejo roble resiste el paso de las estaciones, desmoronándose lentamente como todo lo que alguna vez fue fuerte. Dentro, los recuerdos se mezclan con la ausencia, con la voz de un abuelo que dejó enseñanzas que ahora parecen advertencias.
Entre el otoño de los árboles y el otoño de la vida, descubre que la soledad no siempre significa estar solo... sino estar perdido dentro de uno mismo. Y que incluso en los finales más silenciosos, algo sigue creciendo, aunque nadie lo note.
Porque a veces, antes de la primavera... hay que aprender a sobrevivir al invierno.
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