A los treinta y tres años, Blitzø cree que lo ha visto todo en las aulas universitarias. Es un profesor rudo, directo y con una actitud que mantiene a los estudiantes a raya. No busca complicarse la vida, solo dar su clase, cobrar su sueldo e ignorar el idealismo de los jóvenes de primer ingreso.
Hasta que Stolas se sienta en el pupitre 1A.
Con apenas dieciocho años, Stolas es la viva imagen de la perfección académica: viste impecable, toma apuntes meticulosos y jamás falta a una sesión. Pero hay algo en la fijeza de su mirada desde la primera fila que empieza a descolocar a Blitzø. No es la admiración inocente de un alumno; es una atención absoluta, pesada y calculada que persigue al profesor en cada movimiento que hace frente al pizarrón.
Lo que empieza como un juego silencioso de provocación visual en el aula vacía termina estallando.
Stolas no tardará en demostrar que su sumisión es su arma más letal para dominar al profesor. Usando sutiles juegos mentales frente al resto de la clase, coqueteos milimétricos que solo Blitzø entiende y una dependencia cotidiana asfixiante, Stolas empieza a desmantelar la cordura, la ética y la autoridad de su maestro. Blitzø se vuelve adicto a la piel de su alumno, sin darse cuenta de que el chico de dieciocho años que tiene debajo es, en realidad, quien dicta todas y cada una de las reglas del juego.
En esta aula, el profesor cree que está enseñando... pero es el alumno perfecto quien tiene la última palabra.
All Rights Reserved