"Yo quería tratarte como a un hijo, darte una tierra hermosa por herencia, y que me llamaras Padre, sin volver a alejarte de mí."
Jeremías 3:19
A veces miro cómo somos los humanos: nos acercamos por necesidad y nos alejamos con facilidad.
Y me pregunto si así es como se siente el amor desde lo alto... desde esa mirada que no se cansa de esperar.
Pienso en cómo nos mira, en lo que ve en nosotros cuando fallamos, cuando dudamos, cuando nos alejamos.
Y aun así, no lo imagino con rabia, sino con una paciencia profunda, con un amor que sostiene incluso cuando no entendemos.
Porque el es bondadoso, gentil y firme. Un Dios que no deja de amar, que no se cansa de llamar, que no se aleja aunque nosotros lo hagamos.
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