Daichi Suzuki tiene exactamente tres problemas: trabaja de vigilante nocturno, debe dinero a gente peligrosa y su talento artístico se parece bastante al de una patata con ansiedad.
Después de recibir una paliza por no pagar sus deudas, acaba dentro de un contenedor de basura. Literalmente. Pero entre bolsas rotas, cartones mojados y un olor imposible de describir, encuentra algo que no debería estar allí: una carpeta llena de páginas de manga.
Y no cualquier manga.
Una obra maestra.
El autor no ha dejado firma. Solo un formulario para un concurso nacional, una fecha límite demasiado cercana y un premio económico capaz de salvarle la vida.
Daichi sabe que presentar esa obra como suya está mal. Muy mal. Delictivamente mal. Pero también sabe que, si no consigue dinero pronto, sus acreedores van a convertir su vida en un manga de terror.
Lo que empieza como la peor decisión de su existencia se convierte en un éxito inesperado cuando Editorial Shiun lo proclama como la nueva promesa del manga japonés. Hay cámaras, entrevistas, un cheque gigante y un pequeño detalle sin importancia: Daichi no sabe dibujar.
Por si la mentira no fuera ya suficientemente catastrófica, su debut será supervisado por Aiko Fujimoto, una famosa mangaka a la que admira desde hace años y que empieza a ver en él algo que ni siquiera él mismo cree tener.
Ahora Daichi tendrá que fingir ser un genio, esquivar a sus acreedores, ocultar que ha robado una obra y sobrevivir al hecho más peligroso de todos: puede que se esté enamorando de la única persona capaz de descubrir que es un fraude.
Una comedia romántica sobre manga, mentiras, talento ajeno y la absurda posibilidad de encontrar el amor en el peor contenedor de Tokio.
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