Se sellaron con un beso que sabía a pacto eterno, a una inocencia que creían invencible. En la penumbra, ninguno de los dos notó que el destino acababa de jugar su carta más silenciosa. Entre susurros de amor y planes de un futuro brillante, un pequeño error -una consecuencia invisible y diminuta de esa entrega- comenzaba a tejerse en el vientre de Alessandra.
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