Para Lía, la cercanía es un peligro. Por eso, cuando Ivar intenta derribar sus muros, una alarma helada se enciende en su mente. Esa misma noche, el mundo real se fractura.Desde la penumbra, tres siluetas infantiles de rostros borrosos la observan. No son humanas: de sus cabezas brotan largas orejas de conejo que captan sonidos de otra dimensión. Pronto, las criaturas invaden el día, mimetizándose con la ciudad y susurrando verdades envenenadas cada vez que Ivar se acerca.Con su cordura al límite, el único refugio parece ser una casa oculta en el bosque, un santuario libre de dolor habitado por fantasmas sin rostro. ¿Es una salvación o la trampa final de un horror ancestral? Una mentira compartida late en la oscuridad, y el tiempo para descubrir el origen de esas extrañas orejas se agota.
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