"¿Esto es todo? ¿Este es el destino por el que tanto luchamos? Patético". Tras la caída de Hawk Moth, Marinette Dupain-Cheng no siente la gloria de la victoria, sino el peso de una decepción profunda. A sus pies, un Chat Noir fuera de combate cuya identidad -Adrien Agreste- no le causa la menor sorpresa. Ella lo supo siempre; desde que el grimorio apareció en manos de Gabriel, entendió que la auto-akumatización del diseñador no era más que un truco burdo que engañó al ingenuo de su compañero, pero nunca a ella. Sin embargo, lo que realmente la quema por dentro es el estado de su propio corazón. Marinette es lesbiana, y las tres mujeres de las que se había enamorado profundamente están ahora fuera de su alcance, rotas por el destino. Para ella, el "final feliz" de París es un insulto: Lila ha sido humillada y expuesta por sus mentiras; Chloe ha sido enviada al exilio en Nueva York; y Kagami ha sido confinada en Londres. Sus intereses románticos están dispersos y vencidos, fragmentados por una guerra que no supieron jugar. Y Marinette no piensa aceptar un futuro donde ellas no estén a su lado, bajo sus propios términos. Portando los Miraculous de la Creación y la Destrucción, invoca a Gimmi. No llega como una suplicante, sino como una estratega. Exige un deseo bajo un vacío legal implacable: volver al pasado para que París -y el corazón de esas tres chicas- caiga finalmente a sus pies. A cambio de este retroceso temporal, le ofrece al Kwami de la Realidad la promesa definitiva: un cuerpo físico para que Gimmi pueda, por fin, experimentar el mundo. El reloj retrocede. El tablero se reinicia. Esta vez, la Guardiana no busca salvar el mundo... busca poseerlo.
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