Afrodita me dio la sangre, pero Ares me dio las armas.
Maia no es la típica semidiosa que busca amor; es una guerrera que busca perfección. Y Clarisse La Rue está dispuesta a todo para demostrarle que no pertenece al campo de batalla. Pero, ¿qué pasa cuando la rivalidad se vuelve tan intensa que el acero ya no es suficiente?
En un juego donde la debilidad es un pecado, ellas están a punto de descubrir que la suya tiene nombre y apellido
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