Calista Argeada fue la sombra invisible detrás de la gloria de Alejandro Magno.
Mientras el mundo admiraba al conquistador más grande de la historia, nadie sabía que su hermana menor había sido entrenada en secreto por él y por Hefestión. Todos la creían una princesa delicada; en realidad, era una estratega brillante y una guerrera capaz de rivalizar con los mejores generales de Macedonia.
Cuando Alejandro fue asesinado, Calista convirtió su dolor en venganza. Los invasores murieron, los traidores fueron ejecutados y ella sostuvo el imperio con sus propias manos hasta que su sobrino, Alejandro IV, tuvo edad suficiente para gobernar.
Pero el destino aún no había terminado con la Casa Argeada.
Tres meses después de ascender al trono, el joven rey fue asesinado por Casandro. Con él murió el último heredero de Alejandro y se extinguió la dinastía que había conquistado el mundo.
Sola, sin familia y sin reino que salvar, Calista recuperó por última vez el palacio de sus antepasados, recogió recuerdos de quienes había amado y abandonó Macedonia para siempre.
En los bosques de Grecia elevó sus plegarias a Artemisa.
La diosa respondió.
Convertida nuevamente en una joven de dieciséis años, Calista se unió a las Cazadoras de Artemisa bajo una única condición: algún día podría abandonar la inmortalidad para formar la familia que siempre había soñado. Durante siglos cazó monstruos, enseñó las antiguas tradiciones griegas a nuevas generaciones y llevó consigo el recuerdo del hermano que había sido su hogar.
Sin embargo, ni mil años bastan para olvidar.
Ni el aroma de Alejandro.
Ni las noches bajo las estrellas.
Ni las últimas palabras que él le dejó:
"Que te subestimen. Después demuéstrales que estaban equivocados."
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