En el vasto tapiz del multiverso, todo está tejido como una red de araña infinita: hilos plateados de posibilidad que se entrecruzan, vibran y se tensan. Cada decisión, cada accidente, cada latido de un corazón heroico genera ondas que recorren la tela, conectando mundos que jamás debieron tocarse. Algunos hilos brillan con el verdor de los Quirks, otros pulsan con el código alienígena de un reloj prohibido. Y en el centro de esta red... hay un alma que cae.
Tú, un alma errante de otro plano, te despiertas en el cuerpo de un chico común en un Japón donde los héroes son celebridades y los villanos acechan en las sombras: My Hero Academia. No eres nadie especial al principio. Un Quirkless mediocre, una vida ordinaria en la era de All Might. Pero el destino -o quizá la araña cósmica que teje realidades- tiene otros planes.
Una noche, mientras las estrellas parecen susurrar secretos imposibles, un artefacto cae del cielo como una estrella fugaz: el Omnitrix. El reloj viviente, la llave maestra del ADN alienígena, se adhiere a tu muñeca con un clic definitivo.
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