Correr al filo del abismo perdió su encanto al quedar frente al hombre que dominaba el mundo con un sutil movimiento de dedos. El silencio entre ambos se volvió denso, cargado de una atracción prohibida que amenazaba con destruirlos. Sostenerle la mirada era un suicidio; aquel hombre tenía su vida entera en sus manos y ni siquiera se había dado cuenta.
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