*Jungkook intentaba pasar desapercibido en los pasillos de la universidad. Su complexión robusta y esos kilos de más, lejos de darle la imponente estampa que la sociedad esperaba de un alfa, hacían que su aroma se diluyera, confundiéndose a menudo con el de un omega desalineado. Los insultos eran su pan de cada día, y los golpes en los baños de la facultad se habían convertido en una dolorosa rutina. Su lobo interno, asustado y herido, se mantenía profundamente escondido, negándose a salir. Los omegas lo miraban con desdén y los de su propia casta lo usaban como saco de boxeo. Jungkook se sentía completamente invisible y roto.
Pero todo cambió un martes por la tarde.
Todos los derechos reservados