No sé cómo comenzar este prólogo, pero aun así debo dar una introducción. Tampoco sé cuántos capítulos tendrá. Aquí encontrarás desde historias cotidianas capaces de enterarte, porque sabes que podrían llegar a ser reales, hasta relatos fantásticos sobre seres que no existen... o eso es lo que quiere creer la mente.
El miedo es una enfermedad y, como tal, no tiene cura.
Sufro el miedo constante de no poder dejar de escribir. Cada noche me atormenta y soy incapaz de detenerme. Las palabras nacen en la madrugada, en esas noches que he sacrificado por la ansiedad de continuar. Los demonios se apoderan de mí y exigen que cuente historias, por absurdas o terribles que sean. Y, por Dios, cuánto suspenso se esconde entre mis palabras, mientras la muerte también aguarda entre ellas.
Como quien se oculta de la vida, el sueño se ha ido de mí para que pueda continuar. Desde la mañana hasta la noche no existe una sola palabra que no reclame ser escrita. Cada historia es independiente; cada una es diferente y sus personajes jamás se repiten.
No sé quién debería leer esto. Más bien, te aconsejo no hacerlo. Quizá termines tan consumido como la autora. Tal vez mueras con ella. O quizá, cuando la creatividad se extinga y ya no quede nada por contar, sea ella quien muera de tristeza, dolor o desesperación.
Y solo quedarán estas historias.
Quizá, al leerlas, logres comprender una pequeña parte de su mente.
O tal vez no.
Tal vez aquellos monstruos que la acompañaban todo este tiempo también hayan comenzado a observarte a ti.
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