«Fuiste mi noche y mi día,». Un beso violento en la penumbra de una habitación para recuperar el control.
«Solo está obsesionado conmigo, no hay nada entre nosotros». Una mentira piadosa para salvarse el cuello.
Ahora, todos están atrapados en la misma mansión. El juego de máscaras tiene un límite. Obligados por el destino (y por secretos familiares que se niegan a permanecer enterrados), los tres terminan reunidos en la antigua mansión del bosque donde todo comenzó. Entre pasillos oscuros, besos desesperados por puro control y miradas glaciales que ignoran su presencia... han aprendido a cortar las cuerdas.
En una casa llena de ecos del pasado... ¿quién está manipulando a quién?
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