Las cartas comenzaron a llegar sin previo aviso.
Sin remitente. Sin estampilla. Sin explicación.
Sivelle no les dio importancia al principio. Pensó que era un error, una broma o tal vez una coincidencia absurda. Pero las cartas no dejaron de llegar. Y siempre sin falta aparecían justo cuando más las necesitaba. Como si alguien invisible supiera lo que ocurría en su vida antes de que ella misma pudiera ponerlo en palabras.
Impulsada por la extrañeza y por algo más profundo que no logra nombrar, Sivelle decide responder. Así inicia una correspondencia inesperada con una persona que parece conocerla con una intimidad desconcertante.
Entre tinta, recuerdos y confesiones, las cartas empiezan a transformar su mundo interior.
Pero ¿quién escribe realmente del otro lado?
¿Y por qué esas palabras logran tocar justo lo que Sivelle aún no ha dicho en voz alta?
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