La Escuela de los Ecos es un internado envuelto en un silencio sepulcral. Allí, las paredes no devuelven el sonido, sino que se lo tragan. Pero cuando las emociones contenidas estallan, el silencio se quiebra y la escuela despierta: los pasillos se llenan de risas y susurros burlones, ecos deformados de los propios miedos de los alumnos, que se materializan en forma de demonios perseguidores. En este lugar, Yai, una alumna que carga con algo que aún no ha podido nombrar, comete un acto impulsivo: golpea a otra persona. Ese puñetazo rompe algo más que el orden. Rompe el sello, y la escuela empieza a perseguirla con sus ecos.
Pero el peor de ellos no es el que ríe ni el que araña. Es el Espíritu de Falsedad, una presencia que habla con una voz cálida, envolvente, vendedora. Sabe exactamente lo que Yai desea escuchar, y le ofrece una salida fácil envuelta en palabras de consuelo. En una huida donde cada sombra puede ser un engaño, Yai deberá decidir si la verdad duele más que la mentira más hermosa.
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