En una vieja caja dentro del desván de su abuela, se encontró una cámara Polaroid rota. Grabada en la tapa de la caja había una sola palabra: «Houdini». Youssef no entendía por qué reparó una cámara de la que no sabía absolutamente nada. Y Hams no entendía por qué sintió un repentino escalofrío de miedo la primera vez que él la apuntó con ella.
Pero la cámara funcionaba.
Y Youssef tomó seis fotos. Seis momentos de una vida que parecía perfectamente ordinaria: Hams dormida en su cama, Hams riendo en el jardín, Hams envolviendo sus manos alrededor de una taza de café, Hams leyendo, los dos juntos frente al espejo y, finalmente, Hams en el hospital, sonriendo con su última sonrisa.
Entonces, Hams murió.
Una semana después del funeral, mientras Youssef se ahogaba en el dolor, una gota de su sangre cayó sobre una de las fotografías. De repente, se encontró dentro del momento exacto en que fue tomada la foto. Ella estaba viva. Él estaba allí. Todo era real.
Pero no puede quedarse. En el momento en que vuelve a tomar la foto, es arrastrado de regreso a su oscuro presente. Y la regla es absoluta: no puede cambiar ni una sola cosa.
Excepto que... las fotos han empezado a cambiar. Cada vez que la visita, las facciones de ella se ven distintas. Es como si pudiera sentirlo. Como si lo supiera.
Y entonces, encuentra una foto que él nunca tomó: una foto de él durmiendo, una foto tomada por Hams...
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