Desde su primer viaje en el Expreso de Hogwarts, James Potter supo que había algo mal con Severus Snape.
No era por su aspecto desagradable, ni por la sombra del futuro mortífago que ya se intuía en sus ojos. Era algo mucho más visceral: James, simplemente, no podía dejar de mirarlo.
Mientras Lily Evans permanece entre ellos como una herida abierta, el engaño se convierte en su único refugio. James finge cortejarla para ocultar su obsesión, y Severus se aferra a ella como al último fragmento de una vida mejor. Sin embargo, cuando la guerra estalla y el mundo mágico comienza a desmoronarse, las máscaras caen. Ambos descubren una verdad mucho más peligrosa que cualquier maldición: ninguno ha logrado escapar del otro.
Mientras Severus arriesga la vida una y otra vez por una causa que jamás se lo agradecerá, James empieza a comprender algo horrible sobre sí mismo. Él no se considera un monstruo, ni cree estar haciendo algo malo; en su mente, no hay nadie en el mundo que merezca a Severus más que él.
James siempre creyó que el amor estaba hecho para salvar a las personas... hasta que la obsesión por Severus Snape le enseñó que lo único que realmente quería era conservarlo, sin importar a quién tuviera que destruir en el camino.
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