Pedri y Ferran mantenían una relación en secreto dentro del club o, al menos, eso creían. Durante meses consiguieron esconder miradas, caricias y promesas susurradas lejos de las cámaras. Sin embargo, en un solo momento todo salió a la luz y el mundo que habían construido juntos comenzó a derrumbarse.
La presión mediática cayó sobre ellos y era imposible de ignorar. Pedri, asustado por las consecuencias y por lo que aquello podía significar para su carrera, empezó a alejarse poco a poco, intentando convencerse de que era lo correcto, de que mantener las apariencias era la única manera de sobrevivir a la prensa y el entorno futbolístico. Pero cada paso que daba lejos de Ferran le dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Ferran, en cambio, se rompió por completo.
Mientras todos esperaban que siguiera adelante, él se quedó atrapado en los recuerdos y en la ausencia. No podía dejar de pensar en todo lo que habían compartido: el calor de sus manos juntas, las conversaciones infinitas, la rutina que había convertido en su hogar.
La distancia de Pedri se sentía como un abandono que lo consumía cada día un poco más.
Las noches se volvieron eternas. El insomnio le recordaba constantemente lo que había perdido y cada rincón parecía guardar una parte de él que seguía perteneciendo a Pedri. Se aferraba a los recuerdos con desesperación, incapaz de aceptar que aquello había terminado. Aunque intentaba convencerse de que podía seguir adelante, en el fondo seguía esperando volver a encontrarlo, volver a sentir que no estaba solo.
Porque mientras Pedri aprendía a esconder el dolor, Ferran se hundía en él. Y cuanto más intentaba olvidar, más presente estaba su ausencia.
[ Creo que no soy tan bueno
Como un día prometí
Y el insomnio pregunta
¿Cuánto puedo seguir?
Gritándole al destino
"No te olvides de mí"
Y aunque varios lo hicieron
Aún no puedo morir ]
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