Llevo tu corazón conmigo (lo llevo en mi corazón)
nunca estoy sin él (tú vas dondequiera que yo voy, amor mío); y todo lo que hago por mí mismo lo haces tú también. [Fragmento del poema "Llevo tu corazón", E. E. Cummings]
Pasar años con una amistad y de repente verla tan lejana por circunstancias de una vida adulta es terriblemente difícil, todos los días le piensas, existen días donde sabes que lo llevas a dónde sea que vas, que está en tu corazón, después de todo no hay quién ocupe su lugar.
Okuto lo tiene muy en claro, sin embargo, no tiene el valor de volver a escribirle. Lo único que ha podido hacer durante esos tres años de distancia es mandar cartas y postales.
Para Hirose Aiki las cosas no son distintas. Tiene la vida que deseó durante un tiempo (aunque no está del todo satisfecho), es feliz, sí, pero tampoco puede evitar sentirse en pena, después de todo, ¿cómo es que había permitido que su amistad se viera interrumpida por tres años? Lo peor ocurre cuando no recibe siquiera un saludo en el cumpleaños de este año, ¿acaso todo acabó?
El destino les lleva a verse nuevamente. Okuto regresa a Tokio. Tiene un proyecto por desarrollar y entre ello vuelven a verse. La fortuna les sonríe, su confianza sigue intacta... Pero, ¿es suficiente para mantenerse de pie?
(La portada está hecha con imágenes que no me pertenecen, todo es gracias a Pinterest, crédito a sus debidos autores).
Una historia que he estado trabajando estas últimas semanas, gracias a quien se tome el tiempo de leerla, realmente está hecha con un pedazo de mi corazón.
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