Durante siglos, los reyes saiyajins elevaron a sus herederos hacia la luz de la luna. Era una tradición antigua. Tan antigua que muchos olvidaron por qué existía. Los consejeros la llamaban superstición. Los guerreros, una costumbre inútil. Y aun así, generación tras generación, el ritual continuó. Hasta la noche en que el cielo respondió. Aquella noche, un recién nacido fue presentado ante la luna. Y la luna lo eligió. Veinticinco años después, el Imperio Saiyajin seguía esperando su regreso.
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