Las heridas físicas sanan, pero el alma es otra historia. Apoyado en una sola pierna sobre los escombros de una ciudad en ruinas, Son Goku contempla el vacío de un horizonte gris. La energía del planeta se ha extinguido y, por primera vez en su vida, sus ojos no reflejan la emoción de la batalla, sino una profunda y desgarradora tristeza. Un saiyajin condenado a vagar como el único sobreviviente de su propio fracaso.
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