Cantante. Mexicano. Tatuado hasta el alma.
México lo conoce como El Malafe, pero no por mala persona, por su apellido y por la cara de perro que pone cuando hay cámaras.
Lleva 15 años sin pisar un antro. No toma, no se droga, vive en el estudio. La música lo sacó de una colonia bien culera en CDMX cuando tenía 16, y nunca se le olvidó de dónde viene.
Por eso, cuando ve la convocatoria de la Fundación Renacer, él mismo manda el correo. Sin manager, sin prensa. Quiere dar talleres de música gratis a los morros de la calle, ponerles un estudio, enseñarles a producir. De verdad.
Problema: Nadie le cree que lo hace sin segundas intenciones. Y la que menos le cree, es la directora.
Hija de Javier De La Garza, sí. Niña rica, también. Pero no la que crees.
Licenciada en Trabajo Social. Directora de Fundación Renacer, la asociación de sus padres que saca a chavos en situación de calle y les da un oficio real.
Lleva 5 años viendo pasar a famosos con la sonrisita perfecta: llegan, se toman la foto con los niños, suben la historia con #CambiandoVidas y nunca vuelven.
Así que cuando Martín Aldama, el cantante tatuado con 20 millones de seguidores, se ofrece como voluntario, ella ya sabe cómo va a terminar esto.
Para ella, él solo quiere limpiar su imagen y ganar likes. Un oportunista más.
Para él, ella solo quiere usar su nombre y sus seguidores para conseguir donadores. Una niña fresa más jugando a ser salvadora.
Se caen fatal desde el minuto uno.
Él no quiere fama. Ella no quiere un circo.
Él cree que ella es una interesada. Ella cree que él es un farsante.
Los dos están equivocados. Y se van a enamorar odiándose en el proceso.
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