Ante el mundo, Lucero y Manuel son el ejemplo del divorcio perfecto: grandes amigos, una familia unida y el pasado superado. O al menos eso creían ellos... hasta que la música los volvió a juntar en un mismo escenario. Entre aplausos, viajes y miradas cómplices que el público nota de inmediato, la magia del pasado despierta con una fuerza inesperada. Al cantar juntos cada noche y recordar que no se murió el amor, se darán cuenta de que el cariño jamás se transformó en amistad... solo estaba esperando el momento correcto para volver a brillar.
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