Pomni encontró a Gummigoo sentado junto al lago digital, lanzando pequeñas piedras de colores al agua. Sin decir nada, se sentó a su lado. El silencio no era incómodo; al contrario, se sentía tranquilo. Gummigoo le ofreció una sonrisa tímida y una gomita con forma de estrella. Ella soltó una risa suave y la aceptó. Hablaron de cosas sin sentido, inventaron nombres para las nubes pixeladas y olvidaron, por un momento, el caos del circo. Cuando llegó la hora de irse, caminaron juntos. Ninguno quería separarse todavía, aunque ninguno se atrevió a decirlo.
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