Summer siempre había sido un problema.
No de esos problemas que puedes solucionar con una disculpa y un ramo de flores.
No.
Summer era de los que llegaban sin avisar, hacían un desastre y después te convencían de que, de alguna manera, había sido culpa tuya.
Y Niall Horan estaba a punto de descubrirlo.
Porque enamorarse de ella no estaba en sus planes.
Ni siquiera estaba cerca.
Él tenía una banda.
Una gira.
Cinco millones de cosas que hacer.
Y, aparentemente, muy poco sentido común.
Ella tenía su propia vida, sus propios sueños y una habilidad impresionante para meterse en situaciones imposibles.
Se suponía que solo serían amigos.
Después compañeros.
Después...
Bueno.
Después todo se complicó.
Porque nadie les avisó que las mejores historias de amor no empiezan con un "érase una vez".
Empiezan con un:
-¿Tú siempre eres así de insoportable?
Y un:
-¿Y tú siempre eres así de guapo o solo cuando quieres molestarme?
Lo demás...
Lo demás fue un completo desastre.
Uno que ninguno de los dos querría cambiar.
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