El cristal del ático estaba empañado por el frío de la ciudad. Kim Taehyung se acomodó la bufanda, ajeno a las miradas recelosas que siempre le dedicaban en la mansión de su madrastra. Con su cabello negro como el ébano, la piel pálida por el encierro y unos labios inevitablemente rojos, Taehyung poseía una belleza magnética y una bondad intacta que, en el frío mundo de la alta sociedad, resultaba peligrosa.
En la habitación principal, la directora de Bright Mirror Media observaba la pantalla de su tableta. No buscaba solo estética; buscaba control. Su algoritmo privado, el software que medía la influencia y el poder en el país, arrojó un veredicto que congeló su mirada: el engagement y la devoción del público ya no le pertenecían a ella.
«Taehyung es el verdadero rostro del futuro. Su pureza eclipsa tu imperio».
La envidia corporativa se transformó en una orden implacable. Para deshacerse de él sin levantar sospechas, llamó a su hombre de confianza: Jeon Jungkook.
Jungkook era un tipo rudo, criado en los barrios bajos y convertido en el jefe de seguridad de la familia. Alguien que cumplía órdenes sin hacer preguntas. Su misión era clara: llevar a Taehyung a las afueras de la ciudad, simular un accidente en los bosques del norte y asegurarse de que el joven heredero desapareciera para siempre.
Ahora, bajo la luz dorada del atardecer citadino, Jungkook observa a Taehyung desde el auto. El chico sonríe al detenerse a alimentar a unos cachorros callejeros, completamente ajeno a la amenaza.
Jungkook aprieta el volante, sintiendo por primera vez el peso de la culpa. Su trabajo es destruir, pero la luz de Taehyung acaba de encender algo en su frío corazón de cazador. El viaje está a punto de comenzar.
All Rights Reserved