Dicen que Dios pone personas en nuestro camino por una razón.
Cuando Evelyn conoce al joven misionero Walker, jamás imagina que una simple conversación cambiaría por completo su vida. Lo que comenzó con sonrisas tímidas y visitas inesperadas pronto se convirtió en un sentimiento tan profundo como imposible de ignorar.
Él tenía un propósito que cumplir. Ella sabía que había reglas que ninguno podía romper.
Aun así, entre miradas que hablaban más que las palabras, tardes de verano que parecían no terminar y una despedida que llegó demasiado pronto, ambos descubrieron que hay amores que nacen en silencio... y permanecen para siempre en el corazón.
Porque, a veces, el mayor acto de amor es dejar ir.
Y otras veces... es creer que, si Dios vuelve a cruzar sus caminos, todavía habrá una historia por escribir.
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