Para Marie, la cabaña de su abuelo era el refugio donde el mundo todavía no la encontraba. Para Lance, era el sitio donde su vida dejó de pertenecerle. Podrían haber sido extraños; quizás, nunca debieron encontrarse.
Ahora, se enfrentan a un ultimátum: entregar al hombre que busca refugio o convertirse en el próximo objetivo. Dos errores huyendo hacia la misma cumbre, descubriendo que no hay mapa ni escondite capaz de borrar el pasado. En un juego donde la única moneda de cambio es la confianza, ambos deberán decidir qué parte de su humanidad están dispuestos a sacrificar antes de que el amanecer revele la verdad.
Ambos dudaron. De sí mismos. Del otro. De todo. Y, sin embargo, se eligieron.
Una declaración. Fuego compartido. Silencio. La necesidad humana de aferrarse a lo único vivo que les quedaba. Y cuando ya no hubo caminos, ni opciones, ni tiempo, solo quedó una verdad dicha a medias.
Latidos y Malicia: donde el final no es una elección, sino una sentencia. Y donde, a veces, la única forma de sobrevivir es mancharse las manos, hasta el final.
Nota: Toda circunstancia o alcance de nombre con personas vivas o muertas que figuren en esta historia es sólo coincidencia y no tienen relación con la realidad.
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