En este universo coexisten el Cielo y el Infierno. Desde tiempos inmemoriales, se enseñó que los demonios eran la única amenaza para la humanidad, los únicos capaces de corromper y destruir. Pero esa era solo una parte de la verdad. La maldad no pertenece a una sola especie. En este mundo, nadie está libre de pecado, y cada alma carga con un pasado que la condena. A veces, el verdadero infierno no se encuentra bajo la tierra, sino dentro de uno mismo. Y hay quienes, consumidos por ese dolor, hubieran preferido no haber nacido nunca.
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