Para los Countryhumans, las crisis de sus territorios no son solo números en un papel: se sufren en la propia carne. Venezuela lo sabe mejor que nadie. Su piel tricolor está surcada por dolorosas grietas que supuran petróleo, y cada apagón nacional lo sumerge en una ceguera absoluta. Atrás quedaron sus días de gloria, la época en que sus majestuosas alas de turpial brillaban y se permitía ser feliz, dejándose cortejar por el gigante del norte, USA. La corrupción de su propio gobierno le arrancó las alas, dejándolo lisiado y bajo la constante y asfixiante sobreprotección de sus hermanos: Colombia, Ecuador y Panamá.
Mientras ve a otros países de Latinoamérica avanzar y soñar con el futuro, Venezuela se hunde en la misma pregunta de todas las noches: ¿Cuándo me tocará a mí ser feliz?
Tras un último apagón que colma su paciencia, la liga finalmente se rompe. Harto de discursos falsos en la ONU, de la lástima del mundo y del dolor crónico de su cuerpo, toma una decisión radical e inédita en la historia de las naciones: cerrar sus fronteras por completo. Ningún Countryhuman podrá entrar. Nadie podrá ayudarlo desde afuera.
Haciendo uso de una habilidad olvidada, Venezuela dejará caer su forma de nación para transformarse en un humano común y corriente: cabello castaño, ojos marrones y la vulnerabilidad de un ciudadano de a pie. Mezclado entre su gente, viviendo el día a día y sintiendo el verdadero pulso de su pueblo, empezará a reclutar a los suyos en secreto para encender la chispa y derrocar al gobierno desde abajo.
Las grietas solo sanarán si el país mejora de verdad. La revolución silenciosa ha comenzado... y esta vez, Venezuela se salvará a sí mismo.
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