En la noche previa al Duelo Ceremonial, Anzu le confiesa su amor a Atem y le exige que se quede. Él se niega, argumentando que su destino es regresar al Reino de los Muertos. Desesperada, Anzu lo reta a un duelo con una apuesta: si ella gana, él se queda con ella para siempre. Atem acepta, pero durante el duelo se revela que ambos han estado manipulando sus jugadas-no para ganar, sino para alargar el momento y evitar la despedida. Cuando Anzu finalmente gana con un ataque que Atem pudo haber bloqueado, él confiesa que dejó que ella ganara porque, a pesar de su deber, su corazón siempre le perteneció a ella. El duelo termina no con una victoria en cartas, sino con la promesa de que el amor puede reescribir incluso el destino más sagrado.
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Yugi observa todo desde las sombras, con una sonrisa agridulce en el rostro.
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