Dicen que la juventud de cada persona se disfruta al máximo, a pesar de que pueda haber muchos conflictos. Nosotros lo hicimos, lo disfrutamos al máximo y sin ninguna complicación, y todo gracias al dinero.
Nosotros nacimos, y ya nos esperaban con cunas de oro y mansiones que costaban una fortuna. Tal vez no vinimos el mismo lugar, pero si llegamos a uno que nos hizo conocernos y nos hizo unirnos, de una manera que creíamos imposible que alguien pudiera separarnos.
Hasta que entramos a nuestro nuevo mundo real, que es avanzar por uno mismo adonde haya que ir. Y todos lo aceptamos porque era nuestro deber, porque se lo debíamos a nuestros padres y para nuestro futuro. Entrar a la universidad fue duro sólo por una razón... que ya no estaríamos juntos.
La vida, antes de ahí era muy sencilla, pero la vida misma se encarga de mostrarnos, que no todo es color de rosa y y que por más dinero que tengamos, no los libraremos de conocer lo que es sufrir un poco por cualquier situación que nos toque. Nuestros planes de separarnos de una manera buena se fueron al caño en en tan sólo una semana y desde ahí supimos ya que el el reto de nuestra vida acababa de empezar, y de ahí no nos íbamos a librar hasta que lográramos entender, no sólo a nosotros, sino a la vida de los demás y vivirla un poco como ellos.
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