Imagina vivir tu vida de lo más tranquila... bueno, todo lo tranquila que tú puedes estar. A tu lado tienes a Jeff, tu fiel amigo afroamericano con vitíligo, que posa de rudo y serio pero en el fondo es un dulce pedazo de pan; y a Karl, un noruego hermoso, súper tímido y reservado, pero que desborda ternura en cuanto entra en confianza (lo cual tiene sentido, ¡considerando que heredó unos adorables instintos de gato de su papá híbrido!).
Y luego estás tú, Ivanna. Seamos honestos: tienes energía para regalar, seguro por algún trastorno de hiperactividad que te hace ser un torbellino. Amante de los gatos, el café, el pastel, el chocolate amargo y los melocotones. Eres un combo único: traviesa, histérica, un poquito loca, dramática y sobreprotectora, ¡pero con un corazón de oro! Físicamente llevas con orgullo tus raíces aztecas en la piel, con un tono medio precioso, tu cabello teñido de castaño a juego con tus ojos y unas pequitas tímidas que solo se ven si te miran muy de cerca.
En un mundo donde la raza humana ya se ha mezclado con todo, creías que lo habías visto todo. Hasta que llegó él.
Damien. Un chico rumano, alto, con el cabello negro como la noche, piel morena como chocolate con leche y unos ojos... ¿rojos? "Es el reflejo de la luz", te dices para convencerte. Pero Damien es un misterio andante: callado, serio, aparece y desaparece como por arte de magia. Claro, es un vampiro, pero tú todavía no te enteras, pequeña.
Lo viste por primera vez solito, parado bajo un árbol fuera de la universidad. Te pareció rarito, pero tras mucho observarlo, te armaste de valor y le diste un saludo. Un saludo majestuoso, tierno y espontáneo... que sin saberlo, se convirtió en el boleto de entrada a tu propia y adorable perdición, mi querida Ivana.
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