El amor rara vez llega cuando lo llamamos.
A veces nace donde nunca nos atreveríamos a buscarlo; otras, florece entre las ruinas de todo lo que perdimos.
Helaena Targaryen jamás pidió ser amada. Fue reina por deber, esposa por obligación y madre por destino. Creció creyendo que el amor era un lujo reservado para otros, una historia que solo existía en las canciones de los bardos.
Pero el destino es caprichoso.
Le arrebató su hogar, su corona y el reino que la vio nacer... solo para conducirla, más allá del mar Angosto, hasta una ciudad donde nadie conocía su nombre.
Allí, entre los canales de Braavos y las sombras de callejones olvidados, una joven conocida únicamente como Gato se cruzó en su camino. Silenciosa como la noche, letal como el acero y leal con una ferocidad capaz de rivalizar con la de un dragón.
Una reina rota.
Una muchacha criada entre asesinos.
Y un dragón que, por primera vez, aprendería que incluso el fuego puede convertirse en refugio.
Porque el amor no siempre nace con promesas o coronas.
A veces comienza con una mano extendida cuando el mundo entero te ha dado la espalda.
Con una mirada que no juzga.
Con un hogar improvisado.
Con el calor compartido bajo las alas de un dragón.
¿Y qué ocurriría si Helaena Targaryen descubriera, por primera vez en su vida, cómo se siente el amor cuando es libre, cuando es elegido y cuando, por fin, pertenece a dos corazones que jamás esperaron encontrarlo?
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