Se dice que el vestuario del Fútbol Club Barcelona es una familia, y Pablo Páez Gavira -mejor conocido por el mundo entero como Gavi- se toma esa premisa muy en serio. Para él, la lealtad no se negocia. Por eso, cuando João Félix llegó cedido a la Ciudad Condal buscando redimir su carrera, no tardaron ni una semana en volverse inseparables. Compartían entrenamientos, confidencias, mates en el vestuario y, muy pronto, las llaves de la casa de los Gaviria. Gavi había encontrado a un hermano dentro de la cancha.
El único problema es que ya tenía una hermana fuera de ella.
Valeria Gaviria estaba acostumbrada al caos que conllevaba el apellido de su hermano. Soportaba la prensa, a los fanáticos y las visitas constantes de los jugadores del primer equipo. Pero la llegada del portugués rompió su equilibrio. Detrás de esa sonrisa angelical que derretía a las marcas de moda y esa fachada de chico tímido, Valeria descubrió a un hombre arrogante, competitivo y desesperantemente seguro de sí mismo. Y João, por su parte, descubrió en Valeria a una chica con el mismo carácter volcánico de su hermano, pero con una lengua mucho más afilada y unos ojos oscuros capaces de coi favoritas en el mundo deben ser mejores amigos, los obliga a compartir cenas, viajes y celebraciones. Para no romperle el corazón al mediocampista, Valeria y João se ven obligados a pactar una tregua armada: sonreír ante las cámaras y frente a Gavi, y destrozarse con la mirada en cuanto él se da la vuelta.. El caos comienza.
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