El imperio de la dinastía Jeon gobierna el flujo de narcóticos desde el norte de África hasta Europa, pero el verdadero pánico de la mafia italiana no reside en el presente, sino en la sucesión.
A sus diecinueve años, Jeon Jungkook es el heredero legítimo al trono de la organización Italiana. Lejos de escudarse en el linaje, se ha ganado el rango a pulso dentro del sindicato, mostrando una frialdad táctica y una violencia quirúrgica que prometen una gestión considerablemente más radical e implacable que la de su padre. Su mayor peligro radica en su misticismo: una mente hiperactiva atrapada en un silencio forzado por una condición neuromuscular. Jungkook no gasta saliva; calcula, observa y ejecuta. En su mundo, una sola de sus palabras es una sentencia de muerte.
En el exclusivo y cómodo distrito de Vomero, se encuentra Taehyung. A sus dieciséis años, el hijo menor de la familia encargada de la contención y control territorial de los barrios napolitanos es una anomalía de luz y sofisticación. Jinete Junior del equipo nacional de equitación y un prodigio disruptivo del diseño de modas, Taehyung posee una belleza etérea y una osadía que desafían la rigidez del entorno criminal que lo financia.
Dos órbitas destinadas a colisionar que cruzaron sus ejes en las llanuras de Caserta. Bastó que Jungkook fijara sus binoculares en un chico descalzo que dominaba un semental vistiendo un traje de lino de su propia autoría, para que el futuro Don desarrollara una posesiva y silenciosa fijación por el menor de los Kim.
Ese avistamiento fue el catalizador de un pacto de sangre y un matrimonio prematuro. Ahora, dos hijos después, las fisuras del poder y los secretos del sindicato los mantienen separados, pero atados a un contrato que ni la muerte puede disolver.
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