El Instituto Olimpo tiene un olor característico. Es una mezcla de detergente barato, papel viejo, hormonas desenfrenadas y esa clase de desesperación silenciosa que solo se encuentra en los pasillos de una preparatoria. La mayoría de la gente piensa que los años escolares son la "mejor etapa de la vida". Qué gran mentira. Son solo el campo de entrenamiento donde aprendes a romperte, a sanar a medias y a esconder las grietas antes de que el mundo exterior se dé cuenta de que no estás hecho de una sola pieza.
Nico di Angelo lo sabe mejor que nadie. Él sabe que la gente no es un todo sólido; somos simplemente una acumulación de momentos, de palabras mal dichas, de silencios necesarios y de tragedias que nos obligan a caminar con la mirada clavada en el suelo. Para él, el instituto es un escenario donde el guion ya está escrito y donde el papel de "solitario cínico" le queda a la perfección. O al menos, así era hasta ahora.
Bienvenidos al instituto Olimpo
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