Hay personas que llegan a tu vida para cambiarla.
Y luego está Armando González.
El hombre que convirtió cada reunión en una guerra, cada conversación en una discusión y cada mirada en un reto.
Nunca entendí por qué tenía esa necesidad de sacarme de mis casillas. Tal vez porque le divertía verme enojada. Tal vez porque yo era la única persona que no lo trataba como si fuera una estrella.
Y eso hería su enorme ego.
Él decía que yo era orgullosa.
Yo decía que él era insoportable.
Él se burlaba de mí.
Yo le devolvía el doble.
Era una pelea constante... hasta que dejó de sentirse como una pelea.
Porque, sin darnos cuenta, entre goles, entrenamientos, reuniones familiares, mensajes que jamás debimos enviar y sentimientos que ninguno quería aceptar...
El odio comenzó a parecerse demasiado al amor.
Y quizá tenían razón.
Del odio al amor solo existe un paso.
El problema es que ninguno de los dos estaba dispuesto a darlo primero.
All Rights Reserved