Prólogo:
En el corazón del castillo, donde el aroma a pan recién horneado se mezcla con el calor sofocante de la chimenea, habita un secreto que ni siquiera el Rey conoce
El príncipe, Jimin, vive atrapado en un torbellino de bailes interminables, protocolos rígidos y responsabilidades que le asfixian. El peso de la corona sobre sus sienes parece aumentar con cada día que pasa, recordándole su destino: reinar sobre un pueblo que apenas conoce desde la frialdad de su balcón. Pero Jimin tiene un refugio, un lugar donde la etiqueta se desvanece junto con su título. Ese lugar son las cocinas reales, el dominio de Yoongi
Yoongi es un joven de manos curtidas por el trabajo y mirada profunda, alguien que encuentra en la rutina de sus tareas una paz que el príncipe envidia con desesperación. Mientras el resto del servicio se inclina ante Jimin con reverencia forzada, Yoongi lo mira con una franqueza que desarma al heredero; él no ve al príncipe, sino al joven que se esconde tras la capa de terciopelo
Su primer encuentro fue un accidente -un escape desesperado de Jimin ante una cena diplomática que lo ahogaba- pero se convirtió en el inicio de su perdición. Desde entonces, las noches se han vuelto un juego de sombras y susurros junto al fuego de la gran chimenea. Allí, donde las barreras de clase parecen derretirse con el calor de las brasas, han comenzado a forjar un vínculo que ninguna corona debería permitir
Sin embargo, el destino ya ha comenzado a hilar una red de complicaciones. Una boda real está siendo pactada en las altas esferas, una unión que amenaza con arrancar a Jimin de su escondite y entregarlo a un deber que lo alejará para siempre de la única persona que lo hace sentir vivo.
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