Alguna vez fueron la mejor dupla del equipo. Se entendían con una mirada, se buscaban en cada jugada y parecían conocer cada movimiento del otro. Ahora son rivales dentro de la cancha, incapaces de compartir un partido sin terminar discutiendo, mientras todo el mundo intenta descubrir qué pasó entre ellos. El problema es que ni ellos mismos saben en qué momento dejaron de jugar en el mismo equipo... incluso cuando seguían vistiendo la misma camiseta.
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