Todo empezó con una mirada.
O, al menos, eso fue lo que Alma creyó.
Un viernes cualquiera, durante la celebración de Santo Tomás, un chico de otro instituto apareció entre la multitud y consiguió que, por primera vez, deseara que las horas pasaran más rápido.
Desde entonces, las 14:30 dejaron de ser solo una hora.
Se convirtieron en una rutina, una ilusión y un motivo para sonreír cada día.
Entre autobuses, miradas, amistades, risas y primeros amores, Alma descubrirá que crecer también significa aprender que no todas las historias salen como las imaginamos... y que, a veces, el destino tiene otros planes que pueden ser hasta mejores.
Porque las mejores historias nunca avisan cuando empiezan.
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